¿Lo hace por mi?

¡Hoy no puedo sentirme más feliz! Salir con Che de paseo desde hace muchas semanas es toda una aventura, pero en cuestión de días, se ha convertido en la asistencia al máster más avanzado en estabilidad y relaciones sociales. En el mes en que Che vio el mundo por primera vez, siete años después, no dejo de confirmar su capacidad de progresar si le ofreces -o la vida te ofrece- las circunstancias y la confianza que se merece.

Allá voy con el relato de lo que nos ha sucedido esta misma mañana:

Salimos a la calle, umbral de los soportales, como siempre con sus premios esparcidos por el suelo, tratando de comenzar el paseo ya pensando en caminar sin prisas y activando el órgano sensorial que más le relaja: su narizota. Lleva un tiempo que quiere cotillear, cada vez más detenidamente, el parque más cercano a mi portal y si se tercia, también los otros parques. Como tan acertadamente apuntó EL ADIESTRADOR, son sus redes sociales, su facebook canino. Por allí también esparzo premios porque durante un tiempo se ha (nos hemos) sentido abrumado(s) en estos espacios en los que puede aparecer cualquier combinación persona/perro + evento (estresante o no) que afrontar. Y, como ya es costumbre en nuestro quehacer diario… seguimos hacia el campo, a una explanada que para ser castellano manchega, va tan coqueta de verde y rocío que ni que fuese asturiana. Olisqueo y avistamiento de perros a distancias medias. Che no despega su trufa del suelo, da la sensación de que el mundo más allá de nosotros dos no importa. No sé si eso es cierto o no pero la sensación moooola.

Seguimos caminando para darle espacio a un primo suyo (un podenco cuyo dueño no le deja respirar) y nos topamos a unos 20 metros con una de estas peculiares parejas que antes mencionaba: señora de unos sesenta años a quien le regalan un cruce enorme de mastín que no puede controlar o eso dice ella porque el tipo es, aparentemente, de lo más tranquilo. Ella tiene tanto miedo como tamaño el perro y poco a poco le debe haber ido contagiando al pobre can porque jamás le suelta. Le lleva con collar de pinchos «porque no se hace con él» y, hoy en concreto, se está dedicando a recoger «collejas» por el campo, agachada cual gazapo, con la correa de medio metro y el animal pegado a sus piernas sin apenas libertad de movimiento. Ese bulto en la distancia atrae la atención de Che que se pone un tanto rígido, digamos, sorprendido, y antes de verle salir zumbando y ladrando a ver qué narices es ese «grupo arquitectónico» rural, le ato tranquilamente con su correa de 5 metros y respiramos aliviados. ¿Seguimos? ¡Pues claro! seguimos tan panchos de camino hacia casa, hora de su segundo desayuno (es decir, MI desayuno).

Al salir del descampado a la acera, veo que de frente sube una mujer con un carrito de bebé y el típico pastor alemán gigante, super-adiestrado, evidentemente suelto. (La memoria le mete un zurriagazo a la (MI) amígdala)

Me quedan tres bolas de premios.

Banda Sonora de la peli «Tiburón»

Correa floja.

Mis piernas, también.

Che le mira, parpadea y se sube lentamente por el terraplén, dejando tooooda la entrada al otro perro que se acerca.

Che dobla la esquina subido al terraplén y se pone a comer hierba tan tranquilo mientras lo va bajando despacio.

No se me ocurre rezar nada pero imagino que la mujer se llevará a su clon de REX en el sentido opuesto al nuestro a la orden de ¡Jarrrr!

De eso nada. La tipa señora, en vez de irse hacia e lado contrario llama a su perro y comienza a seguirnos.

Banda Sonora de la peli «Tiburón»  (sí, otra vez y subiendo de volumen)

No pasa nada, poseo mil recursos: cruzaremos despacio a la acera de enfrente.

Y un carajo: enfrente pasan dos viejitos de unos seiscientos años cada uno con su perrita -que en realidad es el DEMONIO DE TASMANIA-, lo juro, con otros mil quinientos años encima pero que pasa de 0 a 100 en milésimas de segundo y MUERDE, muerde que te cagas cruje, por lo que me digo, tu quieta, lo que te vaya diciendo el comandante, y Che mudo, no me dice nada. Come hierba y mira al grupo perro+ carrito+ señora y vuelta a pastar.

El momento «llegada» es inminente. Sólo se que si a Che parece no importarle, a mi debe PARECER que no me importa.

Banda Sonora de la peli «Tiburón»  (sí, sí, tripitimos, volumen atronador)

La señora nos alcanza en una de las aceras más estrechas de mi barrio -mira que es raro-, hace muy bien en aflojar correa (de un metro pero bueno) y no decir ni mu.

Me sonríe.

Yo también. (Maldita)

Se huelen y saludan perfectamente. Los perros, no la señora.

Siguen su camino como si nada. (Cabrones, acabaréis conmigo)

Me caen dos o tres años más y una gota de sudor por la sien izquierda.

Yo sé que Che se ha comido mi miedo y el otro perro también. Han pasado por encima de él como si fuese un rodillo de amasar.

Respiro hondo, le doy las chuches que me quedan y le digo eres un maestro, yo ya no tengo nada que enseñarte. No sé si alguna vez lo tuve…

Y como suele pasar en estos casos… después… SEGUIMOS!!!!

He de puntualizar que ha habido un momento mágico en que Che me ha mirado y he creído en él, he dejado de dudar y he apostado por su apuesta, la de quedarnos. Porque lo he visto en su caminar de vaca,  en su forma de controlar las distancias con el que se acercaba, su lenguaje corporal. He visto calma, una calma total, confianza plena en lo que fuese que iba a suceder. Ningún signo de alarma o inseguridad por su parte. He visto lo que no recuerdo haber visto nunca. Y eso no se borrará jamás.

Ha resultado una experiencia increíble, desde luego para mi. Necesitaba verle en una situación no provocada, no artificial en la que él me demostrase algo que me estaba planteando desde hace algún tiempo: si no estaba haciendo que esquivase a demasiados perros, que tal vez le estaba aislando del mundo «normal»… y hoy ha salido natural, nos ha salido sin querer y así es como debe ser.
Si me dicen antes de ayer que Che se iba a cruzar con un impresionante perro (macho adulto y no castrado de raza pastor alemán con los que ha sufrido siempre altercados imprevistos) y no iba a pasar nada, NO ME LO CREO y debo volver a reflexionar:

¿Somos nosotrxs, de alguna manera, a través de nuestros miedos e inseguridades, quienes ponemos los límites a sus recuperaciones?

Lo que toca ahora es tranquilizar a mis maestros y compañerxs más veteranxs: por supuesto que no me voy a jugar el tipo y la progresión de Che en una ruleta rusa. Seguiremos con nuestras pautas y las circunstancias nos irán dictando. Eso no impide que algo tan necesario como MI confianza haya aumentado mil enteros. Ofrece un margen que parece ridículo pero no lo es, apenas unos segundos más, antes de que YO entre en pánico o roce la inseguridad y evite valorar más de cerca cómo está la situación confiando más en cómo gestionará Che dicha situación, porque ya habré experimentado que Che sabe y muestra con mil señales bien claras cómo se siente y si necesita o no ayuda. No olvidando además que Che me responde al milímetro, si le pido que nos vayamos…

Y aquí, una vez más… vuelvo a preguntarme:

¿CADA VEZ QUE NOS VAMOS DE UNA SITUACIÓN SIMILAR LO HACE POR MI O POR ÉL?

Le amo!!!!!

CAM01738

Dime, dime, no te cortes, pero no me rayes ;)

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