El Bosque Habitado, como no podía ser de otra manera

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Estoy de enhorabuena.

Cuando todo se densa, cuando los ceños se fruncen, cuando el egoísmo nos aplasta y la perversión patriarcal lo ha intoxicado todo, añado otra pieza al puzzle de mi recorrer: El Bosque Habitado. Junto con mi oasis de Mujer Palabra y sus habitantes absolutamente necesarios para mi, aprendiendo la Vida Perra de honestas gentes con cuatro y menos patas, abrazando agradecida las conexiones arbóreas de Arriba las Ramas, me conforma también esta #RevoluciónDeLosConmovidosYConmovidas; me devuelve, como no podía ser de otra manera, el oxígeno que ya me faltaba para seguir queriendo vivir.

Increíble que redescubra La ley de la Devolución, ¡yo estuve allí hace años, desde otros paisajes, pero allí!, que me invite a apretar puñados de la tierra de donde no quiero salir ya más y que me enraíce desde lo más profundo hacia lo más ingrávido.

La persona que se adentra en este Bosque Habitado, sale transcendida, no sólo transformada. CONMOVIDA.

Os dejo una prueba de que lo que digo se queda corto, una prueba de amor:

 Agroecología y la Ley de la Devolución. En La Casa Encendida – 28/01/18

UBUNTU, HERMAN@S

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O sube el volumen

Si no sientes pasión por tu vida, pírate de la mía.

Así de claro.

Yo no quiero estar aquí.                                                  Yo no pedí estar aquí.

Pero estoy. Llegué hasta aquí. Y no ha sido nada fácil. Porque no me centré en mí, sino en acumular días. Reír, aferrarme, llorar, pensar, amar, DISFRUTAR.

No sabía que se podía elegir no estar. Pero ahora estoy. Y tengo cuatro hijxs. Y me tengo que quedar. Si hubiera sabido que podía elegir, hace casi veinte años que ya me habría ido, pero ahora, no puedo irme. Tengo que estar. Tengo que ver, oír, tragar. Y me quiero ir cada día, a veces, muchas veces cada día. Pero me quedo. Y al sentir que me quedo, lo hago con toda la pasión de la que soy capaz, y, creedme, en mi pecera, mi pasión es mucha.

Me quedo, apostando, por esas otras tantas (veces) que observo cómo una tela de araña se deshilacha tras el remolino que, uno de mis hijos, provoca a su paso despreocupado. Por esas estridentes conversaciones de comunidad de vecinxs, que tienen los gorriones que aún habitan los viejos olivos tristes. Porque hoy ha llovido. Porque mis hijxs me hacen reír y, a veces, yo les hago reír a ellxs. Porque amo a mi familia, porque YO SÍ TENGO AMIGXS, sí, lxs tengo, yo. Porque amo las nubes de verdad. Al amanecer, al anochecer, cuando arropan a la luna, cuando la luna las desintegra con su luz de plata chillona. Porque me explota el corazón cuando se abre una flor, cuando una niña pasa y me sonríe, cuando la radio de otro coche canta lo mismo que la mía, cuando se me cruzan unos ojos fugaces y me hablan en un idioma que toda la gente de bien entiende. Cuando nos cruzamos cientos de ojos y brazos y bocas y al unísono le cantamos a la injusticia y a la violencia. Me quedo porque hay gente que puebla este planeta destrozado que me expande para luego encogerme.

En definitiva, me quedo por mis hijxs.

Sin mis hijxs, ya me habría ido hace tiempo, porque ni telas de araña, ni gorriones, ni olivos, nilluvianifamilianiamistadesnilunasninubes, ni sonrisas, ni flores, ni ojos fugaces, ni la gente que puebla este planeta me van a convencer de que esto no se va a la mierda. De que lo estamos mandando al carajo cada día, a veces, muchas veces cada día. Y no quiero verlo. Y lo veo, cada día. Y no hay un maldito agujero donde meterse para no verlo.

Así que, pongo música. No suelo. Porque la música tiene tal efecto en mí, que si soy excesiva… con la música ya… no encuentro palabra para definir qué sucede cuando escucho música. Subo el volumen y me pierdo, ya no soy. Sólo estoy. Porque por eso me quedé. Por eso si no sientes esa pasión que me conecta y me destruye a la vez, aléjate, huye, antes de que te queme mi combustión.

O sube el volumen. Que también.

What a feeling Irene, Cara Jennifer Beals: FLASHDANCE

 

A esta hora

La hierba brilla y expele el delicioso aroma como de recién duchada. La tierra se esponja. Casi puedo paladear la lluvia fina que cae. Nos adentramos en la oscuridad del pueblo una noche más. Las chimeneas deben crepitar, nosotros inspiramos intensamente el incienso de esa leña que arde.

De la orgullosa torre de la Iglesia fulgura una luz intensa. Y las notas del Cármina Burana se elevan suavemente hacia la negritud.

Estoy segura de que habréis experimentado la maravilla de escuchar los cánticos en magníficos auditorios. Pero no sé si conocéis el goce inquietante y misterioso de vivirlos desde la Naturaleza. El estremecedor arrebato de melodías describiendo la Tierra misma mientras el tomillo, el búho y la hierba callan embelesados. Yo he recibido tal regalo dos veces. La primera, desde el Cerro del Socorro, en Cuenca. La segunda, esta noche, desde las brunas afueras de mi pequeño pueblo. Y os aseguro que la emoción es estremecedora. Belleza trémula que paraliza, subyuga.

Los cinco sentidos puestos en esa magnífica pieza que resquebraja las estructuras de la tierra misma

O Fortuna
velut luna,
statu variabilis,
semper crescis
aut decrescis;
vita detestabilis
nunc obdurat
et tunc curat
ludo mentis aciem,
egestatem,
potestatem
dissolvit ut glaciem.
Sors immanis
et inanis,
rota tu volubilis,
status malus,
vana salus
semper dissolubilis,
obumbrata
et velata
michi quoque niteris;
nunc per ludum
dorsum nudum
fero tui sceleris.
Sors salutis
et virtutis
michi nunc contraria,
est affectus
et defectus
semper in angaria.
Hac in hora
sine mora
corde pulsum tangite;
quod per sortem
sternit fortem,
mecum omnes plangite!

Cierro los ojos emocionada, y de repente, escucho a mi podenco amigo arrancándose a cantar a todo lo que dan sus pulmones. Sus aullidos empujan los ojos de mis órbitas y desencajan mi mandíbula. No sé si meterle el gorro en la garganta o dejarle que termine la pieza junto con la coral que se escucha desde la Iglesia. En la que coge aire para respirar y lanzarse con lo que imagino que considera su segunda estrofa, le enchufo varios cachos de salchichas y me lo llevo tan contento para casa antes de que venga la Guardia Civil a detenernos por carminicio.

Y según cerramos la puerta, le miro y le digo: o te apuntas a clases de canto o lo dejas para cuando lo de la ducha si eso. Y me digo… A ver cómo cuento yo esto.

Feliz Fin de Semana.