A esta hora

La hierba brilla y expele el delicioso aroma como de recién duchada. La tierra se esponja. Casi puedo paladear la lluvia fina que cae. Nos adentramos en la oscuridad del pueblo una noche más. Las chimeneas deben crepitar, nosotros inspiramos intensamente el incienso de esa leña que arde.

De la orgullosa torre de la Iglesia fulgura una luz intensa. Y las notas del Cármina Burana se elevan suavemente hacia la negritud.

Estoy segura de que habréis experimentado la maravilla de escuchar los cánticos en magníficos auditorios. Pero no sé si conocéis el goce inquietante y misterioso de vivirlos desde la Naturaleza. El estremecedor arrebato de melodías describiendo la Tierra misma mientras el tomillo, el búho y la hierba callan embelesados. Yo he recibido tal regalo dos veces. La primera, desde el Cerro del Socorro, en Cuenca. La segunda, esta noche, desde las brunas afueras de mi pequeño pueblo. Y os aseguro que la emoción es estremecedora. Belleza trémula que paraliza, subyuga.

Los cinco sentidos puestos en esa magnífica pieza que resquebraja las estructuras de la tierra misma

O Fortuna
velut luna,
statu variabilis,
semper crescis
aut decrescis;
vita detestabilis
nunc obdurat
et tunc curat
ludo mentis aciem,
egestatem,
potestatem
dissolvit ut glaciem.
Sors immanis
et inanis,
rota tu volubilis,
status malus,
vana salus
semper dissolubilis,
obumbrata
et velata
michi quoque niteris;
nunc per ludum
dorsum nudum
fero tui sceleris.
Sors salutis
et virtutis
michi nunc contraria,
est affectus
et defectus
semper in angaria.
Hac in hora
sine mora
corde pulsum tangite;
quod per sortem
sternit fortem,
mecum omnes plangite!

Cierro los ojos emocionada, y de repente, escucho a mi podenco amigo arrancándose a cantar a todo lo que dan sus pulmones. Sus aullidos empujan los ojos de mis órbitas y desencajan mi mandíbula. No sé si meterle el gorro en la garganta o dejarle que termine la pieza junto con la coral que se escucha desde la Iglesia. En la que coge aire para respirar y lanzarse con lo que imagino que considera su segunda estrofa, le enchufo varios cachos de salchichas y me lo llevo tan contento para casa antes de que venga la Guardia Civil a detenernos por carminicio.

Y según cerramos la puerta, le miro y le digo: o te apuntas a clases de canto o lo dejas para cuando lo de la ducha si eso. Y me digo… A ver cómo cuento yo esto.

Feliz Fin de Semana.

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