Pedazo de versión de Ebri Knight sobre el poema de Miguel Hernández, publicaba hoy Pablo Iglesias en Facebook. Según la escuchaba me asaltaban emociones y pensamientos dispares, del estilo: “Buenísima. Me traspasa. Es que es mi Miguel Hernández, claro, y es canción protesta, que me eleva el alma (y el puño), pero también me chirría tanta bala, tanta guerra, tanta testosterona. Estoy saturada, queridos. Saturada. Y, además, es que está claro que no funciona, ¿sabéis?”

Así tuve la urgente necesidad de compartir pero también de expresar una verdad que asoma a mi garganta con más fuerza y más coraje que cualquier canción de guerra (MePerdoneDonMiguel), así que… os diré algo, queridos hombres míos que asumo aliados:

DEJAOS DE BALAS, TRINCHERAS Y BATALLAS,
PONEOS A NUESTRO LADO QUE TOMAMOS LA PALABRA.
LA REVOLUCIÓN ES NUESTRA, DE NOSOTRAS Y DEL ALBA
PERO UN ALBA DE MÁS LUCES QUE LA MUERTE Y LA METRALLA.
LUCES DE ESPERANZA VERDE, DE SORORA LUZ VIOLETA,
DONDE AQUÍ CABEMOS TODES, DE LAS ESPECIES QUE SEAN.

#LaRevoluciónSeráEcofeminista y lo sabéis. Sumáos.

#8MHuelgaFeministaMundial

#8M

#ElLenguajeSíImporta

#NoViolencia

#PorLaPaz

8marzo-huelga-feminista

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Ella

(De 2005 a ¿2025? ¿ahora, ayer?, con amor)

La piel brillante de sudor. El pelo corto, casi rapado: los pies ágiles, silenciosos, acostumbrados a escabullirse. Ojos inmensos, alertas, inteligentes, siempre al acecho. Está escondida, siempre. Huye de ellos. Come raíces, frutos y hasta las sobras de lo que tiran domingueros y cazadores. Ya ha pasado algún invierno sola, conoce dónde cobijarse, y comparte lecho y calor con una poderosa compañera canina, que le entrega su afecto incondicional y su protección. Ella, le compensa con limpieza de parásitos y le enseña a esquivar parachoques, trampas y venenos, cartuchos y rifles traicioneros. De las piedras y patadas, ya se libra sola.

El verano también es duro: las víboras, garrapatas y mosquitos, disfrutan ahuyentando el sueño del bosque. Se oyen los trinos pero se echa en falta el agua limpia. La basura hiede, los cristales brillan y la herrumbre de latas y chatarras domina entre el pasto. Pide el fuego un rayo insistente al sol para arrasarlo todo con sus mil lenguas crepitantes. De entre los arbustos sale esta mujer pequeña, de músculos firmes y enjutas carnes. Parece un corzo. Parece un zorro, parece una perdiz, parece una encina. Huele a hinojo, a pino y a romero. Erguida, inhala el viento del norte, tampoco hoy lloverá.

No recuerda ni su nombre, porque no quiere, lo rechaza. Le duele el pecho cuando siente el aislamiento de lo primario, el frío de la guarida. A lo lejos, cree escuchar cómo su madre le llama con aquellos motes cariñosos, para que no remolonee más y ponga la mesa. Se quejan los dedos que no tocarán otros rostros, otras manos. Su corazón late fuerte, su espíritu vuela libre. Sólo tiene la soledad y la vida. Sólo le rodea el miedo y la vida. La certeza de morir y la intensidad de salir ilesa. Cuando piensa, los nombres y palabras se convierten en imágenes, olores y emociones. Cuando siente, se abre su alma y se funde con el entorno. Cada paso que da supone una elección con sentido. El sendero tomado lo decide ese fruto maduro o el murmullo chismoso del agua que fluye. Otras veces, un silbido lejano, un crujir de hojas secas, le obligan a elegir la espesura de sueltas garras y, con rasguños, marca la huida en su tez.

No hay mejor perfume que el que desprende la jara al calor de la siesta, ni sonido más alegre que la partitura de pájaros, ramas y brisa cuando juegan juntos.

No quiere recordar, no. Porque los libros desgarran memoria. Gritos, denuncias, sentencias y condenas avanzan devolviéndole, como postales odiosas, las épocas que ella trata de inhumar. No puede controlar la dictadura emocional si se dispara y rompe los diques que la contienen. Tantos ideales, tantos argumentos, tantas filosofías envejecieron, como un soplo de muerte aniquila un poblado. Resuenan, aunque no quiera, sus teclas pulsadas, cada letra, cada mensaje, cada idea. Recuerda la música, recuerda la cultura y la risa. La libertad y la lucha. Reconoce que siempre fueron escasas pero nunca tanto como antes de la huida.

¿Por qué pensar? ¡Duele! Vivir, esconderse, aceptar lo sobrevenido y seguir caminando. Alejarse siempre. Rodear, internarse, escapar. Nada hay más noble que dejarse matar a manos de la vida. Pero una conjura, no. Así no. Ella vio cómo la iban a destrozar, a amordazar, a reducir. Lo avisó, lo gritó al mundo. Sabía que sólo era un largo y siniestro comienzo, que lo peor estaba por llegar. Algunos la creyeron, pero el esfuerzo por acometer era ingente para tan poca energía, tan poca implicación.

Primero se agotó la cultura, aunque el respeto caía a la par y con igual displicencia; detrás fue la libertad, afónica y desarrapada. Sucumbieron todos, no soporta enumerar
tanto cadáver. La inocencia se perdió y la dignidad vendió su alma al mejor postor. El poder lo domina todo. Por eso, Ella, se despojó de sus ropas y antes de que otro galgo más
fuese ahorcado, huyó. Huyó. Huyó. La luna guió sus tropiezos, la arena cicatrizó sus heridas, el sol evaporó sus lágrimas. Ya sólo es ser. Ya sólo es vida y tensión. Ya solo es hembra. Ojos para vigilar, oídos para reaccionar, boca para comer, manos para sobrevivir, corazón para latir, aferrarse al ahora.

Cae la noche. Otoño alfombra la casa de todos. La humedad toca las pieles y obliga a esconderse. Ella, dormita acurrucada entre los arbustos. Su amiga no volverá. Hace tiempo que la traición le sacudió por la espalda. No sabe qué cuneta le arrulla pero intuye que otro ser humano duerme culpable el sueño de los “sinconciencia”. Aquel pelaje espeso, su aliento rotundo, su cabeza serena, su sonrisa abierta, su ladrido encendido, su murmullo encantado, su devenir honesto. Todo se lo ha llevado, qué perra vida, qué muerte negra.

Entre la maleza crujen los árboles, se quejan. Aves, conejos y zorros se escabullen o aplastan contra el terreno. El terror se extiende como la peste, arrastrándose. Un gas fatídico que te envuelve, te abraza, te sujeta falaz a la vida, te presenta a la muerte. Es el ser humano, dejando tras de sí su rastro de inmundicia, paseando el disfraz de guerrero y la boca borracha como chivato de prestos, qué pocos ignoran estas señales. Uno, tres, cinco, aparecen por todas partes. El bosque es un revuelo. El bosque es un susurro.
Todos quieren escapar, desintegrarse.

Menos ella.

Se queda. Enrollada sobre sus brazos, encogida sobre sus piernas. Los ojos inmensos abiertos, la piel brillante, sudorosa, el pelo encrespado como tomillo entre arañas. La luna canta a la aurora que no llegue. Pasos, ramas partidas, botellas restallando contra piedras, el alcohol empapa la ausencia de sonidos. Un tropiezo, un bulto se mueve, un salto de corzo, una piel de ave, un disparo que rompe la angustia. Alas, zarpas, roces, vuelos, carreras, y la pólvora extendiendo su denso manto. Silencio de nuevo. La noche
se lanza al suelo quebrantando pájaros, rapaces, conejos y muertos.

La pieza cobrada no pesa sesenta kilos, sus pechos aún calientes están bañados en grana. El valor y el alcohol, la pólvora y los cojones se evaporan a un tiempo, cuando el arma ya ha sonado.

Ella, Ella muere. Sabe que es así. Vida y muerte. Necesarias. Un día más, un regalo. Su cara impasible, su mirada serena, su boca una sonrisa, su rostro frío y su corazón, sosegados, ya.

Cinco mugrientos disfrazados de soldados, son ogros que quieren parecer corderos. No dan abasto a arrancar tierra de la tierra para dar sepultura como no hacen con aves, zorros, conejos, venados. Nada de cuerdas, nada de tumbas, nada de requiems, nada de esquelas. Lamuertelavidalafuerzalarabialaangustialaavaricia, la muerte. La Muerte.

El poder lo acalla todo.

En el bosque yace la pureza, la inocencia, la curiosidad, la libertad y la vida. La Vida. En el negro círculo vicioso, poder, ambición y muerte siguen jugando a la ruleta rusa.

La Parca se ríe. Siempre.

recorte para Ella

El Bosque Habitado, como no podía ser de otra manera

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Estoy de enhorabuena.

Cuando todo se densa, cuando los ceños se fruncen, cuando el egoísmo nos aplasta y la perversión patriarcal lo ha intoxicado todo, añado otra pieza al puzzle de mi recorrer: El Bosque Habitado. Junto con mi oasis de Mujer Palabra y sus habitantes absolutamente necesarios para mi, aprendiendo la Vida Perra de honestas gentes con cuatro y menos patas, abrazando agradecida las conexiones arbóreas de Arriba las Ramas, me conforma también esta #RevoluciónDeLosConmovidosYConmovidas; me devuelve, como no podía ser de otra manera, el oxígeno que ya me faltaba para seguir queriendo vivir.

Increíble que redescubra La ley de la Devolución, ¡yo estuve allí hace años, desde otros paisajes, pero allí!, que me invite a apretar puñados de la tierra de donde no quiero salir ya más y que me enraíce desde lo más profundo hacia lo más ingrávido.

La persona que se adentra en este Bosque Habitado, sale transcendida, no sólo transformada. CONMOVIDA.

Os dejo una prueba de que lo que digo se queda corto, una prueba de amor:

 Agroecología y la Ley de la Devolución. En La Casa Encendida – 28/01/18

UBUNTU, HERMAN@S

devolucion

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O sube el volumen

Si no sientes pasión por tu vida, pírate de la mía.

Así de claro.

Yo no quiero estar aquí.                                                  Yo no pedí estar aquí.

Pero estoy. Llegué hasta aquí. Y no ha sido nada fácil. Porque no me centré en mí, sino en acumular días. Reír, aferrarme, llorar, pensar, amar, DISFRUTAR.

No sabía que se podía elegir no estar. Pero ahora estoy. Y tengo cuatro hijxs. Y me tengo que quedar. Si hubiera sabido que podía elegir, hace casi veinte años que ya me habría ido, pero ahora, no puedo irme. Tengo que estar. Tengo que ver, oír, tragar. Y me quiero ir cada día, a veces, muchas veces cada día. Pero me quedo. Y al sentir que me quedo, lo hago con toda la pasión de la que soy capaz, y, creedme, en mi pecera, mi pasión es mucha.

Me quedo, apostando, por esas otras tantas (veces) que observo cómo una tela de araña se deshilacha tras el remolino que, uno de mis hijos, provoca a su paso despreocupado. Por esas estridentes conversaciones de comunidad de vecinxs, que tienen los gorriones que aún habitan los viejos olivos tristes. Porque hoy ha llovido. Porque mis hijxs me hacen reír y, a veces, yo les hago reír a ellxs. Porque amo a mi familia, porque YO SÍ TENGO AMIGXS, sí, lxs tengo, yo. Porque amo las nubes de verdad. Al amanecer, al anochecer, cuando arropan a la luna, cuando la luna las desintegra con su luz de plata chillona. Porque me explota el corazón cuando se abre una flor, cuando una niña pasa y me sonríe, cuando la radio de otro coche canta lo mismo que la mía, cuando se me cruzan unos ojos fugaces y me hablan en un idioma que toda la gente de bien entiende. Cuando nos cruzamos cientos de ojos y brazos y bocas y al unísono le cantamos a la injusticia y a la violencia. Me quedo porque hay gente que puebla este planeta destrozado que me expande para luego encogerme.

En definitiva, me quedo por mis hijxs.

Sin mis hijxs, ya me habría ido hace tiempo, porque ni telas de araña, ni gorriones, ni olivos, nilluvianifamilianiamistadesnilunasninubes, ni sonrisas, ni flores, ni ojos fugaces, ni la gente que puebla este planeta me van a convencer de que esto no se va a la mierda. De que lo estamos mandando al carajo cada día, a veces, muchas veces cada día. Y no quiero verlo. Y lo veo, cada día. Y no hay un maldito agujero donde meterse para no verlo.

Así que, pongo música. No suelo. Porque la música tiene tal efecto en mí, que si soy excesiva… con la música ya… no encuentro palabra para definir qué sucede cuando escucho música. Subo el volumen y me pierdo, ya no soy. Sólo estoy. Porque por eso me quedé. Por eso si no sientes esa pasión que me conecta y me destruye a la vez, aléjate, huye, antes de que te queme mi combustión.

O sube el volumen. Que también.

What a feeling Irene, Cara Jennifer Beals: FLASHDANCE

 

MoMo

Los hombres de gris lo han convertido todo en humo. Pero en cada corazón late con fuerza el color de la Vida. Sólo hay que pararse a ESCUCHAR.

Si hay alguna clave en esto de caminar hacia la desaparición, el final del camino, está aquí.
Qué hermosura dolorosísima y tierna.

Se os entrega el secreto de la felicidad, la esperanza del mundo y no os dais cuenta.

Hay que rebelarse contra este sistema que nos quiere sin alma.