Es@s profes y profas de la pública.

Yo tuve una maestra que me pegaba con la regla en la punta de los dedos cuando apenas tenía 7 años, mis dedos, no la regla. Otra, nos tiraba el borrador, agarraba de las orejas o estrellaba nuestras frentes contra la pizarra y las quebraba más que los quebrados que no nos salían bien.

Ya en el insti, un profe acudía con su puraco encendido al gimnasio y nos hacía correr (y tragar humo a la vez) para prepararnos adecuadamente ante futuras juergas discotequeras y, una profa de latín, que siempre nos decía con muy buen criterio:

-Leed, leed, que leer “cultea”, mientras pimplaba en el bar del instituto.

Me acuerdo de sus nombres y apellidos, del miedo que me dieron, hasta el punto de bloquearme a día de hoy cuando tengo que echar cuentas de cabeza y me da vergüencita sacar mis dedos y la puntita de la lengua por la comisura (así se piensa mejor, no os dejéis engañar).

Si saco los dedos de ambas manos, y la puntita de la lengua por la comisura, me sobran dedos para contarlos.

Si me acomodo las meninges, estiro las piernas y relajo la sesera para comenzar a visualizar el desfile de profas y profes que me han hecho como soy… No hay pasarela que los muestre a todxs ni tiempo para nombrarlxs. Aún así, como todavía no me han llegado los libros de la opo, me pongo a ello:

A los seis o siete años, una maestra le dijo a mi madre que yo leía de maravilla, que me diese muchos cuentos, lo que quisiera, porque no era común en una niña tan pequeña y había que animarme. GRACIAS, “SEÑORITA”, NO IMAGINA EL REGALO QUE LE HIZO USTED A MIS ETERNAS HORAS DE LECTURA, A MI IMAGINACIÓN Y A MI ALMA.

En el otro cole, el que tenía colgado al Bonachón en vez de al Paquito, tuve una profa que venía de Argentina (¡eso era ya de por sí maravilloso!), que me enseñó la tabla de multiplicar sin cantar canciones idiotas, dibujando, cocinando las neuronas con curiosidad y respeto. ¡GRACIAS POR ABRIRME LA PUERTA A LA CURIOSIDAD Y AL CRITERIO! ¡¡¡Tan importante es que una niña se sienta respetada por una profa!!! Cuánto la amé señorita Alicia…

En seguida llegó “la de lengua”, tan pulcra, tan ordenada, tan ecuánime y justa. Sabías qué podías esperar de sus clases, tanto como del lenguaje. Oraciones, verbos, acentos, todos al servicio de PENSAR. ¡GRACIAS SEÑORITA BLANCA, POR ABRIR UNAS PUERTAS INFINITAS E IMPAGABLES PERO ESTA VEZ, REALES, TANGIBLES: ¡¡LAS DE LAS BIBLIOTECAS!!!

Los profes y profas de aquel cole crearon la Revista “La Pluma”, despertando mi pasión por volcarme a través de la escritura. NO TENGO PALABRAS PARA DAROS LAS GRACIAS.

Aquel cole (sus profes) nos ofreció la oportunidad de conocernos con niños y niñas de otros países. Estuve intercambiando cartas con Karín Odilia C. C. durante muchos más años que los que dura “un cole”. ¡GRACIAS POR MOSTRARNOS EL MUNDO Y CÓMO CONECTAR CON ÉL!   (¡Viva México, cabrones! ejem, perdón)

Y en el insti… el insti fue brutal. Me dieron la oportunidad de elegir un insti de esos de ir de uniforme, pero a mi ya me habían inoculado en vena otra forma de patear las futuras calles.  Insti de barrio obrero, famoso por sus acciones directas no violentas reivindicando -DE TODO- en plena época franquista. Insti de profes y profas con unos valores que aún me tienen enardecida y orgullosa. Que se trajeron pal barrizal al pijo de Lorca, al misógino de Valle, al meditabundo de Unamuno. Teatro, radio, cine, música, arte… Allí mi MariPi se hizo famosa a los 16 años porque su talento fue apreciado y catapultado, allí exploté de amor por la literatura y el teatro, allí me enseñaron “educación sexual”, el asunto de las drogas y el alcohol y que Los Reyes Católicos y la España esa única e indivisible se podían poner patas abajo. De Dios, ni hablamos (casi es literal). Que la historia era múltiple y diversa y que en las pequeñeces de los barrios estaban las grandezas de las almas. Recuerdo mis trabajos sobre San Manuel, sobre los escenarios dispares de Fortunata y Jacinta, la “autopsia” increíble que le aplicamos al Quijote con un desparpajo exquisito y atento. La profa de Filo me volvió loca literalmente. Me enganché a eso de pensar y preguntármelo todo. ¡Como la de inglés! (En esto ayudaron mucho también Supertramp y Michael Jackson -siempre he sido muy dispersa…- y todo lo que caía en mis manos choriceado a mis hermanxs).

En el Insti también, nos programaron el mejor viaje que hice yo en época estudiantil. El que más contenido y cuidado por enseñar sin adoctrinar tuvo, nuestro viaje a Cataluña. CATALUÑA, SÍ. DESDE MADRID. ALLÍ SE QUEDÓ BUENA PARTE DE MI ALMA.

GRACIAS MILES, EMOCIONADAS, INTENSAS, POR ABRIR MI PISTA DE DESPEGUE, POR LLAMARME “VAGA PERO, TAN CAPAZ…” ( ;D ), POR DESENTRAÑAR EL LENGUAJE Y LAS MARAVILLAS QUE MI ESPECIE SABE HACER CUANDO SE OLVIDA DE SÍ MISMA Y SE DA ENTERA…

GRACIAS POR DEJARNOS HACER LA HUELGA DE ESTUDIANTES Y APOYARLA, GRACIAS POR CONTARNOS, A PESAR DE TODO, QUE CADA CAMBIO DE PROGRAMA DE ESTUDIOS NOS ALEJABA DE LA VERDAD Y DE LA LIBERTAD.

GRACIAS POR LLEVARNOS A CATALUÑA CON LA IDEA DE ENSEÑAR AL MADRID JOVEN A AMAR ROMPIENDO PREJUICIOS.

Gracias, Maria Teresa M., gracias, Eduardo R., gracias Mercedes S. …

Tardé años en superar la adolescencia (mentira, aún sigo flotando en ella) y en volver a estudiar, pero volví. Y en la universidad, a punto de estallar la crisis, con los valores de una Democracia -envenenada antes de nacer- ya perdidos… también encontré profes y profas que amaban enseñar sin cincelar. Erudito Luis, que nos llevó de viaje a la Grecia de Lisístrata con tal maestría que podías sentirte caminando entre sus gentes y embebiéndote de sus quehaceres y sentires. GRACIAS POR PRESENTARME A MIGUEL HERNÁNDEZ, ya que siempre fue un conocido, pero contigo se volvió mi eterno amigo. Intrépida Luisa, que me puso un cuaderno y un boli en la mano y me mandó a la calle a observar a las gentes vivir, a sacarle el jugo a lo cotidiano, a recuperar la importancia del tú a tú, diferenciando dónde la costumbre se enquista y envilece y en qué lugar y momento se convierte en luz solidaria.

GRACIAS POR DEVOLVERME LA MEMORIA, POR MOSTRARME LAS CAPAS DEL PASADO SIN ROMPERLO, RESPETANDO LO BUENO DE ANTES PARA CONSTRUIR LO BUENO DE MAÑANA.

Gracias Paco, AFECTUOSÍSIMAS GRACIAS, por impulsar la tecnología y las redes sociales y mezclarlas en un cocktail -impensable entonces- con el botijo, el azadón y el corrillo de abuelas de la plaza. Tus jornadas rurales y tus talleres sobre la Información y el Desarrollo rural le dan brillo, a día de hoy, a mi humilde currículo. GRACIAS PACO PORQUE TU MAESTRÍA NO SE LIMITABA A LA CÁTEDRA, TU ERES UN MAESTRO DE LA BONDAD.

¿Veis cómo podría seguir así eternamente? Cristina, Pedro, Ángel Luis, Roberto, Enrique, Ana, Joaquín, JuanFran…

Gracias, gracias, gracias.

GRACIAS A LA EDUCACIÓN PÚBLICA

 

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MoMo

Los hombres de gris lo han convertido todo en humo. Pero en cada corazón late con fuerza el color de la Vida. Sólo hay que pararse a ESCUCHAR.

Si hay alguna clave en esto de caminar hacia la desaparición, el final del camino, está aquí.
Qué hermosura dolorosísima y tierna.

Se os entrega el secreto de la felicidad, la esperanza del mundo y no os dais cuenta.

Hay que rebelarse contra este sistema que nos quiere sin alma.

Lo que nos gusta a la gente… la suciedad

5 de noviembre de 2010 a la(s) 13:48 (Nota publicada en Facebook)

De paseo con los perros compruebo cada día lo sucio que es el ser humano. Estoy harta de enviar quejas a todos los medios para advertir que están convirtiendo EL CERRO DEL SOCORRO (qué bien puesto el nombre, es lo que gritamos todas las personas que paseamos por allí) en un vertedero inmundo. Es el cagadero, escombrera, incineradora, montonera de residuos de los (y digo los porque son hombres) de parques y jardines, de particulares que tiran allí sus inmundicias, albañiles, fontaneros, mecánicos, los del demento, azulejos, ladrillos, ruedas, cocainóman@s y consumidores compulsiv@s de hamburguesas sintéticas, la gente mocosa, la follandrina… Para qué seguir. Sí me queda la que antes fue GRUPO GV, que llevó allí toda su maquinaria, montó el chiringuito, olvidó sus vehículos hasta que se los destrozaron y se los tuvo que llevar, pero dejó un complejo tóxico que se han encargado de triturar hasta la mínima esencia los adolescentes más desarraigados y marginados de toda Cuenca. Y digo Los.

Somos gente sucia. Con nuestro propio entorno. Nos gusta la suciedad. La consentimos. Comprendemos que si no cerca de nuestras casas, sí donde la miseria es la jefa, debe estar todo sucio. Aceptamos que las obras de los ayuntamientos (tan lindas, tan lentas, tan modernas) desechen sus residuos en el campo. Y en seguida vamos corriendo a aumentar los montones de cementos y escombros, felices.

Las clases acomodadas le piden a sus esclavos que se lleven sus lavadoras de última generación, los cartones, plásticos y demás, ¡qué asco! pero ni se molestan en reclamar a la empresa de transportes cuando ven el embalaje en el suelo, eso sí, cerca del contenedor, en frente de su portal de lujo, de madera de la buena, de esa que viene de los montes que tienen tanta porquería que para qué ir a visitarlos. Ya me voy yo a los trópicos a ver cascadas organizadas para turistas que manchan pero no se quieren manchar

La suciedad brota del cerebro. Es así, científicamente comprobado. Cada vez que miramos hacia la izquierda cuando la mierda nos llega a los ojos por la derecha, estamos obedeciendo a nuestro cerebro contaminado. ¡Estamos aquí cuatro días, y la mitad los pasamos durmiendo! ¿Me vas a amargar la vida? A veces, mi cerebro me obliga a tomar vacaciones. Mi suciedad reverbera entre las paredes de mi pecho y tengo que tratar de descansar. No es que no me ría mientras limpio y limpio y limpio, qué va, me río, con las limpiadoras, con los sacabrillos, me río con esa gente que gasta un paño tras otro y aún le quedan ganas de seguir. Otras veces me escondo, recojo, recojo, recojo, que casi ni existo, porque la montaña de basura es tan grande que me rodea y me asfixia. Y se me quitan las ganas de reír y el mundo me da miedo de nuevo y siento asco por este ser humano tan sucio, tan maloliente, con sus joyas, sus perfumes, sus zapatos lustrosos, huele mal, muy mal.

¿Será que se está descomponiendo… en detritus?