A la deriva

Siempre sentí la deriva de nuestro país. Siempre. Desde demasiado pequeña.

Me veo en una barquita muy frágil y el remar de la gente que me rodea y las enormes barcazas que nos adelantan, me lleva irremisiblemente hacia donde van todxs. Zozobra mi barca, casi me dan ganas de saltar de ella y buscar una orilla pero, en ellas, sólo veo manos que se aferran y las tragan las turbulencias del río.

Y ahora, en mi dialecto vallekano: Ningún político afín al simulacro de Transición, cómplice o factor de la corrupción y parasitación del cadáver que dejó el Franquismo, va a dejar que nuevos aires le precedan. Ninguna vieja política va a dejarse entrullar por corrupción, cuando menos por crímenes de guerra. Habrá que ir haciéndoles llegar que tendrán su amnistía, su segunda transición, el perdón a lo Mandela, pero que se vayan, que se lleven el dinero que nos robaron y jamás nos devolverán, que se larguen a sus fincas, a sus playas a sus yates, y que nos dejen la ilusión de recuperar esta enferma terminal que es España, aunque sea para que vuelvan en un par de generaciones a hincarle el diente otra vez.

Porque si nos empeñamos en la Justicia y Reparación, no habrá quien nos arregle a nosotrxs. Prefieren pasar por otro 36 y lo que sigue. Así lo creo y así nos lo están insinuando…

Dime, dime, no te cortes, pero no me rayes ;)

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