¡Joder, Rita, cómo te echo de menos!

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Rita, hoy, 12 de noviembre de 2015, hubiera cumplido catorce años de amor incondicional. Pero se me fué en septiembre. Cumpliendo todas las promesas que le pedimos y que no tenía por qué. Siempre dió el múltiplo infinito de lo que tuvo. Siempre a cambio de nada. Y se fue sabiendo tanto de la vida que su mirada me intimidaba y avergonzaba porque ella me conoció mejor que yo misma. Me esforcé sin llegar a entenderla nunca del todo. Es una presunción estúpida creer que por estudiar educación en positivo y conocer el lenguaje en el que se comunica la especie canina ya tienes la mitad del camino recorrido. Ella me enseñó que también los animales dejan de creer en las personas. Porque llevan decepcionados toda una vida, porque no basta con amarles y cubrir todas sus necesidades, no basta con creer que un arnés, un abrigo y un rato diario al sol les bastan a los demás. Ella necesitó otras cosas que no supe darle y esa será la cicatriz que palpite cada vez que sus ojos honestos me visiten la memoria.

También sé que ella supo lo que la amaba, sé que asumió como una madre comprensiva que nos había tocado cargar con la vida y sus baches y que lo haríamos lo mejor que supiéramos pero juntas. Refunfuñábamos juntas, yo le daba masajes y ella reclamaba más comida y yo le espantaba a sus hermanxs revoltosos y le procuraba el lugar más acogedor de nuestro hogar. Como madre e hija, como dos amigas que llevan demasiado tiempo juntas, como dos hermanas que se adoran pero no se entienden, así vivimos Rita y yo los últimos años de su vida. O al menos así los veo yo ahora que ya no está.

Estás conmigo cada minuto del día, pasarán mil años y seguirás permeabilizada hasta el tuétano en mi. Aprendiendo de tu sabiduría precisamente ahora que no puedo tocarte o decirte qué narices tienes que hacer. Ni darte esa libertad o ese respeto afinado y especialísimo que tú infructuosamente me pediste.

Gracias por ser siempre tan tuya y tan de nadie más. De amar tanto sin perder tu dignidad ni tu entereza. Con el tiempo sabré qué necesitaste, lo sabré y sabré también que cada ser lleva a una Rita dentro que hay que descubrir y emancipar.

Dime, dime, no te cortes, pero no me rayes ;)

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