Antes de y después del idioma perro

Hasta hace poco tiempo, cuando caminaba por la calle o veía alguna noticia relacionada con maltrato a otras especies, lo que veía eran perros esqueléticos comidos por parásitos, huyendo encogidos por las calles; gatos de ojos purulentos, toros desangrándose en las plazas. Desde hace poco tiempo, mi umbral del dolor y empatía han crecido directamente proporcionales a mi capacidad de entendimiento. Lo que antes eran visiones normales ahora se decodifican y me muestran series interminables de personas caminando con perros temerosos, incapaces de expresarse desde sus halties o sus collares de estrangulamiento y sus correas cortísimas, y hasta gatos, ovejas y conejos me cuentan historias que trato de digerir porque soy incapaz de atenderlas a todas pero sí que las voy entendiendo todas y no suele gustarme mucho lo que me cuentan. Desde las señales de calma que Turid Rugaas nos regaló hace muchas décadas y que no comprendo por qué no han calado en la sociedad occidental más «desarrollada», hasta la educación en positivo de la que no dejo de hablar desde hace unos pocos meses, mi diccionario: humana-can, can-humana se ha completado tanto y tan certeramente, que primero en mi propia casa y luego extendiéndose lenta pero imparablemente, veo y siento una corriente de personas y animales que sí han conectado (¡por fin!) y para quienes su vínculo de respeto, estrecho y amable, se anudará firme y seguro hasta el fin de sus envidiables días.

 Una de estas recomendables historias la protagoniza Ernesto, Che. Un tipo de seis años y más sabiduría en una oreja que casi toda la gente con la que me he cruzado en mi vida. Mi querido compañero Che, ha evolucionado muchísimo estos últimos meses. Para un perro bueno y sociable, que jamás ha mordido a nadie ni se le ha pasado por la cabeza, ¿qué es mejorar o evolucionar? Che era un perro inseguro, le tenía miedo a la gente que escuchaba en el rellano, a lo que pudiera aparecer tras cruzar el portal o doblar una esquina y ladraba por si acaso. Además, coincidió que Rita, su madre/hermana con una lesión de rodilla y artrosis tuvo que dejar de subirse al sofá por prescripción veterinaria. Entonces, para no discriminarla, también le bajamos a él. Jamás protestaron después de 10 años ella y 4 él de compartir con nosotrxs siestas y pelis diariamente. Pero a Che le incrementó la inseguridad, debió sentirse desprotegido, en permanente alerta. Y la comida se volvió de las pocas cosas sustanciosas que le ocurrían en casa porque casi el resto eran «reglas, límites y limitaciones» ……………………….

Pero llegó Chewbacca (¡¡¡otrooooo!!!) a casa, y nos gritó a todxs que alguien estaba necesitando aún más ayuda que él. Cuando Che tenía miedo él le acompañaba en sus ladridos, como diciendo, colega, no sé qué te asusta, si con lo grande que eres tú tienes miedo, yo también debo tenerlo pero estaré aquí, a tu lado, pase lo que pase, juntos en el miedo o en la calma.

Y por primera vez en muchos años, escuché. Y mira que había escuchado cuando ni siquiera sabía hablar perro, pero es que Rita sabe hablar humana muy muy clarito y por eso nos entendimos tan bien. Lo malo es que un día se me olvidó. Dejé que me contasen batallas de guerras contra la especie canina, me dejé convencer y por mi baja autoestima me dejé dominar para sentir que algo estaba bajo mi control. Pero ese algo era ALGUIEN y perdía su alma como perdemos la arena de la playa entre nuestros dedos mojados.

A veces no pides ayuda y vienen a socorrerte, otras veces aunque chilles nadie te oye y muy pocas veces, basta un susurro para que alguien te escuche y colme tus necesidades. Así fue. Por eso, Che me miraba raro al principio, sorprendido de que después de tantos años incomunicado (que no atormentado), amado pero no entendido, en medio del silencio en el que se había sumido, escuchase que yo le hablaba, que le respetaba y que le compensaría de aquí a que su mundo cambiase de apariencia y se alejase de mi o yo de él si llegase el caso. Aqui queda escrito igual que en mi corazón.

Un dueño de perro que arrasta a su cachorra por las aceras para impedir que se relacione, otra dueña que grita a su perra que !haga pis, ahí, de una vez!, otro que… y que… también maltratan, claro que hay tanto sufrimiento despiadado que esto ni se toma en cuenta, pero existe, es real. Aunque se haga por desconocimiento y con la mejor de las intenciones.

Estuve poco tiempo en la facultad de Derecho pero se me quedó eso de que «la ignorancia no exime de culpa» y es verdad. Quienes hemos sido ignorantes nos encontraremos tarde o temprano con alguien que nos mostrará lo que hay que hacer y debemos SER HUMILDES, pedir perdón por el mal que hicimos, aceptar el inmenso regalo de SABER y COMPENSAR inmediatamente a quienes dañamos, por leves que nos parecieran nuestros errores.

Es un momento de felicidad saber, es un comienzo esperanzador entender, animo a cada persona que por fin sabe, aprende, entiende, que se lance con pasión a la aventura de comunicarse desde el lenguaje del respeto y la confianza. DESDE LAS AMABLES SEÑALES DE PAZ. ¿La especie canina nos va a enseñar esto? ¿POR QUÉ NO, QUERIDA GENTE, POR QUÉ NO?

Hoy, después de algunas semanas reduciendo estrés, aprendiendo, respetando tiempos, preferencias, trabajando juntos y hablándonos como NUNCA, he podido comerme 2 bollitos ricos, ricos y mi vasito de avena con chocolate en compañía de Chewbacca y Maggie, en la cocina, mientras, mi CONGÉNERE, Che, dormía a pata suelta en el sofá. Tiene 6 años y eso no había sucedido hasta hoy. No podía dormir tranquilo porque si pasabas por la puerta de la cocina salía disparado a ver si por casualidad le dabas algo de comer. Ya sé que eso no es malo, de hecho mi madre le llama CHEF por lo atento que está a los guisos y porque nos avisa cuando algo hierve demasiado tiempo y no estás al loro… pero yo sé lo que me digo. Che no soñaba, no descansaba, y ahora que lleva desde primeros de mayo compartiendo sofá conmigo, durmiendo encima de mi otra vez, hasta ronronea de gusto y se despierta y nos mira como preguntándose hasta cuando durará el regalo y como nadie le baja, vuelve a dormir DE VERDAD, tanto, que desde que era un cachorro no veía su tripilla moteada porque tal vez no sintió que nos mereciésemos un «panza arriba» en condiciones.

Ah y por cierto, también ha dejado de ladrar aunque suenen voces en el rellano o se tope con tipos a los que yo ladraría cuando nos cruzamos con ellos.

Habla una persona que veía y cerró sus ojos, que escuchaba y se tapó las orejas y ahora vuelve a ser libre y no sabe nada aún y le espera un mundo increíble de respeto, amabilidad y calma, no sólo para SU especie si no también para la humana y para todas las que se crucen con ella.

GRACIAS UNA Y MIL VECES.

+ ❤ +

Dime, dime, no te cortes, pero no me rayes ;)

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