A vueltas con los Miedos

 30 AGOSTO 2013

Esta mañana, Chewbacca y yo hemos salido de paseo.

Normalmente, si vamos con Che, va preocupado a la ida y muy relajado a la vuelta. Si viene sólo conmigo se preocupa un poco más pero no por eso deja de investigar y querer conocer sitios nuevos, aunque está claro que aún no he conseguido ser su referente, no creo que alcance nunca el estatus de Che…

Según caminamos se va girando para mirarme y, cada día, pasea mejor con la correa sin necesitar sentarse mil veces o incluso tumbarse para digerir el entorno a su ritmo.

Por las tardes, busca los parques más bulliciosos y se sienta en pleno centro a observar. Quiere acercarse a todos los perros para jugar sin embargo, a las personas prefiere mirarlas largo rato pero que no se le acerquen, ni mucho menos le miren o le toquen. Así nos pasamos las tardes que no vamos al campo. Otras veces prefiere cruzar las calles y superar su miedo a los vehículos que pasan deprisa y hacen mucho ruido. Antes cogía muchas cosas del suelo y se las tragaba, ahora sólo porta cosas cuando se siente algo estresado. Yo llamo a esas cosas su «chupete». Eso le ayuda a avanzar. ¡Es todo un valiente! Cuando supera el trago las suelta.

Hay dos personas en el barrio a las que no puede ni ver. Son invasivas y su lenguaje corporal es totalmente irrespetuoso. A una de ellas le gruñó por primera vez hace un par de semanas. Ya está advertida de que no debe tocarle, en fin, habrá que pasar a ser maleducada con ella para que ella sea bien educada con Chewbacca. La otra persona, la primera vez que le vió, lo arrastró de la correa en lateral para acariciarle. Le dije que eso no lo hiciese nunca y aunque ha intentando agobiarle otras veces ya no me pillará desprevenida.

¡Es alucinante lo irrespetuosa que puede ser la gente con los perros y con tus advertencias sobre ellos!

Esta mañana salíamos de paseo tan tranquilos, nada que evitar, todo perfecto. Despacito, sin prisas, hacía fresco, se estaba de maravilla. En un portal estaba una señora vestida con uniforme blanco fumándose un cigarro. Chew aprovecha las verjas de los jardines para mirarla. Ella le habla desde unos tres metros de distancia. Él la observa clavado en el suelo. Yo le aviso amablemente diciéndole que tiene miedo de las personas y que no le gusta que le toquen. Ella le mira fijamente y mientras dice «pobrecito», da dos pasos directa hacia él. Chewbacca le gruñe y le ladra, saltando hacia atrás muy asustado. Le digo ¡que no, que no se acerque más, que le tiene miedo! (¿Pero en qué idioma tengo que decirlo?) Ella retrocede y se siente molesta. Chewbacca no quiere avanzar. Tampoco tiro de la correa, le llamo y mientras tanto le explico tranquilamente a la mujer que le hicieron mucho daño de pequeño y que no confía. Lo hago sólo para que Chew me escuche hablar con ella con naturalidad y vea que no es un peligro. Me mira de nuevo y le invito a seguir: hala, ya pasó ¿Seguimos?  Y seguimos. Continúa unos metros más inseguro, con la cola a media hasta y parándose más a menudo. Elige una calle más vacía para regresar y busca un chupete que transporta casi hasta llegar a casa…

Me pregunto cómo se podía haber resuelto esa situación ¿Qué hice mal? ¿Qué pude hacer? ¿Por qué a veces, aunque tú estas tranquila, no lo sabes transmitir?

31 DE AGOSTO DE 2013

Esta mañana ha sido genial! Por fin ha subido él solo dos veces a la furgoneta! Le cuesta, da un rodeo… pero como hemos sido tan pacientes (llevamos desde la primavera dejandole a su ritmo, por más ganas que teníamos de llevarle a ríos y montes preciosos que hay por aquí), descubrimos cosas que mejorar: la primera que no era la propia furgoneta lo que le daba miedo, si no el ruido al cerrar el portón lateral. Otra fue que prefiere viajar en la parte libre que dentro de la jaula (a pesar de que la jaula era su rincón favorito en casa, en el vehículo se convirtió en otra cosa a temer), que los premios no pueden ser salchichas, si no algo más apetecible para él (queso, jamón serrano… joé con er ninio…), que las idas (muy breves) le ponían más nervioso si no había hecho sus necesidades primero (en eso caí en el primer viaje), también la propia excitación del paseo le hacía estresarse más…, y después, hemos comprendido que aunque prefiere estar al lado de Che, aún más prefiere entrar el primero y colocarse justo al otro lado de la puerta. Se sienta y se siente más seguro cuando cerramos (lo más despacio posible). Una vez hechos todos esos cambios… hoy ha venido él solo despues de sopesar la situación y se ha subido!!! Le adoro porque todo esto supone un gran esfuerzo para él pero jamás se rinde!

Dime, dime, no te cortes, pero no me rayes ;)

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