No me lo puedo creer

ACTUALIZACIÓN, Domingo 12 de enero de 2014, 22.22 horas
Hemos probado el sábado y hoy a acercarnos a la furgoneta con Chewbacca y ha sido todo un éxito. Parece que el encontronazo con el vecino no le hizo relacionar negativamente el susto con la furgoneta. Se ha sentado en todos los asientos, ha entrado en la parte trasera y se ha sentado, ha cogido comida e incluso no quería salir.

Respiramos y ¡seguimos!

Os cuento estas cosas para que aprendamos juntos, para que me digáis que hago bien o mal (si os apetece) o me echéis la bronca como hace mi amigo Eme con toda la razón del mundo.

Os quiero, gente positiva!  + ❤ +

11.30 horas

Ya os he ido contando cómo Chewbacca supera sus miedos poco a poco. Miedos normales por su corta edad, miedos por su nefasto periodo de impronta, miedos por sus problemas de salud en sus primeras semanas de vida, miedos por las manipulaciones para curarle heridas que no debieron existir, miedos por malos consejos “educativos”… Total, que se acerca al año y medio de vida y con toda la paciencia y alegría del mundo por mi parte y generoso esfuerzo y curiosidad por la suya parecía que el mundo se iba a rendir a nuestros pies.

Las navidades no han sido buenas fechas para él (ejem…), y en este punto hablaré del esfuerzo inmenso y constante de auto-control que hay que hacer para superar entornos no deseados (es decir, la vida real): paseantes con hembras en celo sueltas, dueños de perro maltratadores que obligan a sus pobres mascotas (en ese binomio no existe la amistad) a caminar a tirones, con dolor y ladrándole a todo lo que pasa, tal vez, pidiendo ayuda y comprensión…  En ese ambiente, Chewbacca está aprendiendo que relacionarse no es tan fácil como hace unos meses. Ya no todos los animales con los que se cruza le ven cachorro y están comenzando a sentir miedo o rechazo hacia él. A pesar de que es un experto en relaciones públicas perrunas, se sigue sorprendiendo de que exista gente de su especie que haya olvidado hasta tal punto su propio idioma, que no le entiendan y le teman y le ladren. Está habituándose a apartarse de animales aterrorizados pero aún busca casi cualquier tipo de perfil de perro, aunque sean los típicos perros estresaditos que no paran de montarle y pisotearle sin control alguno en sus locos juegos (ahí es donde entraría mi auto-control para ejercer de referente digna de su esfuerzo…).

En navidades la gente se vuelve loca, sale de compras sin parar, pretende ser feliz a toda costa y busca -a su manera-, más ratos para estar en la calle con sus hijos y con sus mascotas. Y te los cruzas todo el tiempo… Chew desconfía de la gente que no va acompañada de perros. Y si se dirigen directamente hacia a él, aún más. Sin embargo, según pasan los meses, a pesar de que la castración, en su caso, no ha sido beneficiosa en lo tocante a los miedos, y por lo tanto no vienen en su ayuda torrentes de testosterona para sacar pecho, sí le socorren la experiencia acumulada y su cachaza a la hora de tomarse la vida, así que el mozo estaba superando muy bien el frenesí navideño (mira que Cuenca, por mucho que se empeñe, no llega a ser caótica como las grandes ciudades y además BENDITA SEA QUIEN TENGA QUE SERLO, está CASI libre de estruendos petardísticos, lo cual es digno de mencionar y de elogiar sin descanso).

Tampoco puedo olvidarme de la meteorología, enfadada como nunca, con vientos que han arrancado árboles de cuajo y tormentas que fingían ser diluvios. En semejante escenario, Chewbacca se estaba portando como un auténtico jovencito. Cada día, por propia decisión, tomábamos caminos más “humanos” y menos “perrunos”, lo que se traduce en más aceras y menos parques, más distancia desde lugares conocidos y seguros, más aventuras.

Pero las navidades traen los deseos de verte de familiares y amigos. Como llevamos muchos meses sin viajar porque Chewbacca se siente muy mal cuando pasan cerca de él motos, coches, furgonetas (como para torturarlo metiéndole por la fuerza dentro de uno de ellos y menos durante horas), pues la familia decide venir a verte. Es una fantástica decisión, salvo por la parte en la que tu sabes que será un esfuerzo demasiado grande para el cachorro. Por más que adviertes a familiares queridos que tienes un perro con algunos problemas, o no le dan importancia o no se imaginan que son tan serios como luego son. Chewbacca, a pesar de que tratamos de hacer las presentaciones (precipitadas y artificiales pero inevitables), lo más calmadamente posible, recibe a la familia asustado y reactivo. Ladra sin parar en la calle, en casa, en cuanto se mueven… lo siento mucho por la familia, pero, por supuesto, también por él. Porque él es quien no entiende nada, y lo que percibe, es intimidatorio por más que se intente lo contrario. Su casa, su refugio, el lugar donde se siente muy poderoso y protegido, ya no es un lugar seguro. Lo bueno que tienen estas puñeteras fiestas es que también rula la comida sin parar. Y eso que somos atexs y republicanxs y no celebramos convencionalmente las fechas y mucho menos poniendo bebés de otras especies encima de nuestras mesas, pero sí aparecen en el menú olores y sabores poco frecuentes que estimulan más las ganas de echarse amigos que de asustarse y apartarse de la fiesta.

Mi familia ha sido un encanto, llena de ganas de vernos y querernos y muy receptiva en cuanto a cómo comportarse ante un perro asustado que les ladra en la cara sin mesura. Así que, a pesar de los aspavientos del pobre enano asustado, le esquivan y tratan de no intimidarle con sus comportamientos, con tanto interés, que logran que Chewbacca vuelva a esforzarse una y otra vez para superar su desconfianza.

En ese punto tengo que darle un Óscar de cariño a mi hermana, que a pesar de sentir mucho miedo por los perros desde pequeña, supera constantemente sus emociones hasta ganarse algún que otro lametazo del pequeñajo, como agradecimiento ante tanta confusión por ambas partes. A mi me parecían dos extraterrestres de planetas diferentes, dándose miedo mutuamente pero tratando de apaciguarse y comunicarse con tantas ganas como torpeza, para no llegar a ningún conflicto.

Estoy segura de que mi familia no se esperaba el recibimiento de Chewbacca. En su mundo, un perro que ladra es un perro “agresivo”, que puede atacar. Espero haberles sabido transmitir la realidad: una criatura asustada, no acostumbrada a que nadie entre en su casa, a quien asustan los abrazos o caricias que sus hermanos están tan acostumbrados a recibir, aunque no las pidan. Cuando se marcharon, nadie había conquistado a nadie. La desconfianza y el miedo seguían estando, demasiado precipitado todo. ¿Qué iba a pasar ahora?

A veces, situaciones “de choque” provocan que la gente se crezca y si no hay un trasfondo de maldad en ellas, si no todo lo contrario, tras de la experiencia viene el agotamiento, luego la asimilación y luego la calma. Chewbacca no está habituado a las visitas, pero creo que sí supo entender que aunque no se sentía cómodo podía expresarse libremente en todas las situaciones y nadie le recriminaba su comportamiento. Fue algo así como el adolescente huraño que se porta “raro” ante la familia que viene a verle, pero a quien todo el mundo medio ignora medio comprende por la locura de etapa que está teniendo que vivir.

Chewbacca pasó después varios días sumido en picos de estrés: ahora monto un cojín, ahora destrozo una almohada, ahora persigo a la gata o incordio a mi hermano Che… le dimos mil cosas para romper, sí, de esas que la gente no da porque son COSAS, pues nosotros se las dimos, rompe todo lo que quieras, haz cachitos las bolsas de la compra, las cajas de zapatos, la propaganda de la calle, rompe lo que quieras, desahógate, muerde esto y aquello, nadie te preguntó si querías vivir esta experiencia y te ha superado con creces, así que, desahógate, no pasa nada. Esta vuelve a ser tu casa-fortín. Aquí vuelves a estar seguro. Y la cosa no fue a mayores. Claro que no sabemos qué pasará si vuelve a visitarnos alguien. Seguramente no se sienta cómodo nunca, porque no podemos forzar circunstancias que no van a surgir a menudo y de manera natural, pero ya tendrá la experiencia asimilada. Ya sabrá que las visitas te trastocan un poco la rutina pero vienen cargadas de buenas intenciones y ricos manjares.

Y así iban pasando las fechas nefastas. Persianas bajadas, televisión más alta, comida rica por todas partes. Paseo nocturno poco antes de las uvas para pillar a toda Cuenca cenando y quietecita. Por cierto. qué maravilla pasear con tus colegas peludos el 24 y el 31 por la noche, mientras la humanidad que puede, cena a dos carrillos. Dos petardos la noche del 31, amago de esconderse en un rincón de la casa y se acabó la vaina.

Mientras tanto, Che también sufre las consecuencias de tanto estrés. Tiene dos episodios anecdóticos de mandar a tomar por culo al típico dúo sacapuntas: dueño chistaperro-perro jodido por collar de púas. ¡A tomar por culo, mama, tu tranquila! Y luego me mira y yo le digo siempre: pero qué razón tienes, hijo, y le doy un premio, claro, porque Che es como yo, de pasar las penas picoteando. Así estamos, llenitos de curvas, pero la mar de interesantes. Pero es que Che es una joya. Una auténtica joya. Maravilloso con poquito que lo entiendas y atiendas. Le pides que te mire, que se centre en ti y de repente, le ves emerger, pedirte juego como un cachorro y brillar hasta en la oscuridad. ¿Os he dicho alguna vez que le amo?

Rita es una abuela increíble. Ha sido la única que ha disfrutado de verdad de estas fechas. No sé si mi padre va a tener razón y resulta que Rita es más persona que perro, porque eso de que las aceras se llenen de gente a quien poder saludar, que vengan sus abuelxs y sus tíxs a casa, que le den de comer esas cosas que luego le pasarán factura pero que como las comen todos ella también quiere probarlas, que por las mañanas, las tardes y las noches la casa resuene a bullicio y cachondeo… en esas, Rita es feliz. Ha paseado arreando a la familia, rodeándola como Lassie para asegurarse de que viene toda junta por la calle, ha dado brincos de cabra loca para demostrar que sigue estando en forma y luego se ha pasado una semana durmiendo para recuperarse de tanta juerga.

Y Maggie???? Maggie La Gata, majestuosa e inteligente, esta gata sí que va a dominar el mundo. Maggie se pasó 24 horas estudiando “al enemigo” y después se colocó estratégicamente a comer gambas de la mano de la tía y de la abuela sentada entre ellas en el comedor. A Maggie me gustaría regalarle un mundo exterior seguro para que lo explorase a gusto. Mientras tanto, ella nos guía a todxs.

Volvemos al enano, volvemos al pequeñajo de un año y cuatro meses a quien veo madurar cada día y no exagero. Un crío que tenía miedo de nosotrxs, de cualquier desconocido, del viento que soplaba, de una bolsa crujiendo desde un árbol… cuando se hacen las nueve de la noche, le pones su arnés, baja a la calle sentadito en el ascensor porque le quedan marcas de unas viejas sensaciones feas y oscuras, le ves corretear feliz hacia la calle, descartar el paseo seguro y jugar con amigos en el parque por curiosear entre calles desconocidas, con pocas luces, llenas de coches, atado, sin poder dirigirse con total libertad hacia donde él quiera pero avanzando, siempre en busca de olores y situaciones nuevas. Cada día un poco más lejos, cada día más tranquilo, sin correr, sin tirar, incluso pasando de perretes, discriminando ya los que conoce y no le gustan o le han rechazado otras veces o mejor aún, incluso dejando atrás amiguetes de juegos, porque ya se va haciendo mayor… Y para colmo, cuando regresa, en varias ocasiones esta misma semana, le ves pararse delante de nuestra furgoneta, buscar sus puertas, mirarme, subirse de patas en el capó!!!! Me estaba pidiendo montarse en ella! Ese bicho que le da miedo, que suena a chasquido del demonio y que huele raro le vuelve a llamar la atención. Tal vez se siente preparado para volver a intentar entrar en él.

La última vez que subió le llevamos junto con Che al río. Un trayecto muy corto y una mañana deliciosa. Conoció las aguas dulces, sinuosas de un río vivo y limpio como pocas veces. Despertó sus artes natatorias y sus mañas de pescador de piedras. Jugó hasta caer exhausto. Sí, tal vez demasiado pero qué narices nunca le había visto disfrutar tanto. Ese fue su recuerdo más feliz de la furgoneta.

Y resulta que lleva dos días que parece que la echa de menos… ¡está bien, pequeñajo! Mami se pone manos a la obra. Mañana mismo probamos. Unas chuches ricas y unos pocos minutos dentro, si quieres, claro. Tu me dices. Si te subes, ok! Si no, pues nada, sólo escuchar cómo se abre la puerta y nos vamos. Dicho y hecho. Esta mañana salimos, hace sus necesidades, está tranquilo. Le pido que me siga, en seguida se da cuenta que vamos hacia la furgo, ¡se pone contento!. Abro la puerta. No se asusta. Le pongo dentro chuches ricas y sin pensarlo dos veces, salta dentro. Y se queda. Saco la caja de los quesitos (se vende caro mi colega, las salchichas… como que “buah”) y le preparo un juguete. No llega a tumbarse pero si comienza a rechupetearlo. Desconfía un poco, cree que le voy a encerrar. Me siento en el suelo de la furgo, con la puerta abierta del todo. Vuelve a por su chuche. De repente, por detrás, aparece un tipo alto que nos mira fijamente. Chewbacca arranca a ladrar con fuerza. NO ME LO PUEDO CREER. El tipo aguanta unos segundos interminables y por fin se da la vuelta. Arranca el coche justo de al lado y dejando la puerta abierta se va hacia el otro lado del coche. Abre la puerta del otro lado y cruza la calle. Empieza a sacar cosas de otro coche y a meterlas en el suyo. Consigo distraer unas décimas de segundo a Chew, parece que se va a calmar y a volver a sus chuches cuando el tipo vuelve otra vez y se nos queda justo delante, de pie, viene con una mujer. Chew empieza a ladrar y a temblar. NO ME LO PUEDO CREER.

Sí. Esa estúpida soy yo. La que no deja de pensar, NO ME LO PUEDO CREER. Se que no puedo salir inmediatamente porque el tipo nos tiene bloqueados con su puerta y en la parte de atrás están él y la mujer cargando cosas. Sé que ellos no tienen la culpa. Se que es una maldita casualidad. ¡PERO ME BLOQUEO! Pienso en el miedo de Chew, en que no sé cómo reaccionar, en que ya está, ya se acabó la furgoneta, ya no podré ir con él al seminario de Jugar con Perros. Sí, pienso en eso, os lo juro… No sé cuánto tiempo pasa, minutos, segundos, no lo sé. En cuanto nos deja el camino libre le saco pitando y le subo a casa. Valoro unos instantes seguir paseando pero estoy muy nerviosa y en el parque hay una de esas parejas de persona/perro que conseguirán que Chewbacca se ralle del todo. Elijo “casa”.

La furgoneta nos supera. Mientas Che monta en ella y sólo de saberse a tu lado y en marcha es feliz o Rita se queda tan tranquila dentro como si estuviese en el sofá de casa, el pequeño escucha el sonido de la puerta y ya recula. La dejamos aparcada y ajena a él. Esta batalla esta perdida.

Me entran ganas de llorar. Por idiota e incapaz. En vez de eso, me pongo a escribir. Escucho a mi querido Comandante jugar con Chewbacca en el salón. Las chicas están conmigo en la habitación.

NO ME PUEDO CREER QUE SEA TAN ESTÚPIDA. Que cuando las cosas se ponen feas yo sienta más miedo que él. Pero ¿miedo a qué? Ni siquiera lo sé. Miedo a su miedo.

Dime, dime, no te cortes, pero no me rayes ;)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s