¿Dónde estoy?

no escuchooooTiene narices que tenga que acceder a mi blog a través del de un amigo. Cuando le leo a él me entran ganas de recuperar las mías de escribir. Pero es que “frankli”, soy un caos. Me expando hacia direcciones opuestas pero no soy infinita y tengo que retrotraerme a un epicentro confuso y cansado.

Echo de menos a mi amiga la cabra loca, esa no se complicaba tanto la vida, y tenía objetivos muy claros: pasarlo bien y contarlo. O cabrearse, como le pedía su idiosincrasia y contarlo. Lo que pasa es que de un cabreo arrebatado se largó y ahora no tengo ni idea de cómo encontrarla.

Mientras tanto, ¿Yo qué soy? ¿Qué hago? ¿Qué quiero?

Estudié en la universidad porque pensaba que me lo debía, porque pensaba que lo necesitaba para ser mejor escritora. Me fallaron los cálculos y me perdí por el camino, otra vez. Luego, cuando me pierdo, la Naturaleza siempre me salva, me ofrece un lugar donde descansar y reponerme, donde sufrir sin consuelo por gente que merece la pena SIEMPRE y en cualquier circunstancia, sin menoscabo de mi espíritu, al contrario. Sin embargo… esa sensación de inquietud, de ansiedad, permanece.

Mis proyectos de novelas cubiertos de polvo cibernético, mi novela convertida en zombi antes de morir siquiera. La segunda parte de Rita Boxer reclamándome, así como me espera la guarida confortable e inmensa donde voy a alimentar mi mente cada día, esperando encontrar ese momento en que me sienta con fuerzas y me ponga manos a la obra para adecentar el rincón que se me concedió generosamente en ella.

Ahora aprendo sobre comunicación canina-humana, un hallazgo que prendió luces cuando todo lo demás se oscurecía, otra senda que no me hace retroceder sino elevarme, que me ha aportado casi un año de intensas emociones y sobre todo que me ha permitido comprender a mi familia de otras especies con una claridad sincera y honesta. Este viaje no ha sido sencillo, te desnudas al entrar y poco a poco vas desprendiéndote de jirones de piel para renacer, conociéndote y tratando de perdonarte y aprendiendo a ser más perra, tomáoslo por donde queráis.

Y de nuevo la inquietud. La insatisfacción, la vuelta a mis hogares pequeños pero firmes, lejanos pero fieles, los pilares de mis endebles estructuras. Los que año tras año resisten mis vaivenes y como juncos me balancean sin dejar que me quiebre de una vez por todas.

Esos pilares son los que me enraízan con el deseo de escribir. Yo nací queriendo un perro y escribir, contar cosas y perrear…

¿Es que voy a tener que andar a la pata coja o podré plantarme con un pie en cada columna y por fin, sostenerme en paz?

Dime, dime, no te cortes, pero no me rayes ;)

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