Nader y Simin, una separación (2011). Asghar Farhadi

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Esta sección -que inauguro hoy-, no podría comenzar mejor.

Hacía mucho tiempo -y veo una o dos películas nuevas al día-, que no disfrutaba de una OBRA MAESTRA.
Por su realismo y su cercanía me recuerda al mejor Ken Loach, y lo que me ha sorprendido con una frecuencia creciente es que no puede hablar/denunciar más sin saturar o aburrir (¡son más de dos horas de duración!). Esta que comienza con una separación como tantas, abre la caja de Pandora y muestra hasta qué punto determinadas cuestiones (religión, machismo, estado de la justicia, ausencia de leyes de conciliación de la vida familiar, educación de la infancia, podría seguir un rato), tan arraigadas en la cultura de un país que parecen innatas, dirigen las vidas hacia caminos forzados y, cómo el sentido común o la búsqueda del equilibrio, tratan de enderezar dichos caminos.

Desde luego, hablo desde el prejuicio que las religiones, cualesquiera, me provocan, y desde la fuerza interior que me impide desvelaros la acción y sus turbulencias, pero no olvido que el director es tan increíblemente bueno, que te hace sentir partícipe de los sucesos que siguen desde el primer minuto, olvidando fronteras y culturas o mejor aún, consiguiendo que no ceses de cuestionar, debatir, preguntarte por qué, comprender según pasan las cosas, a cada personaje en su profunda y compleja dimesión.

Las mujeres cuentan su lucha diaria, los hombres, también, la infancia, tan directamente fotografiada, semejante en su crecer a cualquier infancia del mundo así como la vejez y su soledad autista, el caos de la burocracia, la justicia muchas veces sorda más que ciega, otras llena de tolerancia y paciencia, el problema del paro y, desde luego, desde mi perspectiva, un machismo intolerable devenido de un patriarcado feroz y fundamentalista, pero sin demonios ni etiquetas simplistas propagadas por la máquina cultural y cinematográfica norteamericana occidental.

No puedo ni quiero desentrañar el argumento, es un paseo de la mano de Dante, Virgilio, Beatriz y toda persona representante de la vida diaria iraní. Una ventana abierta sin distorsión, donde hay problemas, coherencia, miedos, ternura y un respeto profundo por la especie humana pero también un interés tan lúcido y concreto por mostrarnos sus dos caras (¡sus mil caras!) que me ha dejado emocionada y agradecida.

¡SÍ SEÑOR! PEAZO PELÍCULA!

Para quienes se les coma la curiosidad:

En Filmaffinity y en Objetivocine. (La foto, de ésta última)

Dime, dime, no te cortes, pero no me rayes ;)

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